Coordenadas

El antropólogo estadounidense Edward Hall ha estudiado algunas coordenadas básicas en las que medir las diferencias entre distintas culturas, como por ejemplo, la holandesa y la latina, o mediterránea.
Son diferencias que todos percibimos de alguna manera, pero si no nos damos cuenta exactamente de qué se trata, corremos el riesgo de malinterpretarlas y de reaccionar en forma negativa.

Las tres coordenadas de diferencia son: el lenguaje, el afecto, y la percepción y uso del tiempo.


EL LENGUAJE

Las culturas difieren en la importancia que le dan a las palabras para transmitir información. En Holanda, se le da gran importancia a las palabras. Se cree que las ideas existen por sí mismas y deben evaluarse en su exacto significado, y no en referencia a quién lo dijo, dónde, en qué momento o por qué. En términos antropológicos, le prestan relativamente poca atención al contexto de la comunicación y mucha atención a las palabras en sí mismas. En las expresiones holandesas "eerlijk zijn" (ser honesto) y "recht toe, recht aan" (ser directo), tan frecuentemente usadas, se refleja la importancia que se le da a lo dicho. Las palabras tienen que decir la verdad, y tan directamente como sea posible.

En Holandés la palabra "zin" (oración o frase), también quiere decir sentido, valor, y significado. Los idiomas latinos en cambio tienen "la joie du mot" (el placer de jugar con las palabras). No es tan importante qué se dice, sino quién lo dice, cómo lo dice, por qué lo dice, en qué contexto, con qué propósito, con qué arte.

Otro aspecto sutil pero muy importante es la comunicación no-verbal.

Por un lado, en Holanda se mantiene más distancia, físicamente y emocionalmente. Los cuerpos se mueven con diferentes ritmos: en los países del norte, se mueve sólo el cuello y la cabeza para dar expresión a lo que se dice. Hay palabras especiales para dar énfasis, como por ejemplo : "maar", "eens", "toch", "graag". Por otro lado, el movimiento y la expresión son muy importantes en los países latinos, e involucra generalmente todo el cuerpo. La expresión se da con la mirada, con la entonación de la voz, con todo tipo gestos y sugerencias. La palabra "mirada" no existe en holandés.


EL AFECTO

La norma holandesa es que la razón debe siempre estar en control de las emociones y que la excesiva emotividad o dejar ver las lágrimas, es inapropiado. Los holandeses no muestran lo que piensan, lo dicen. No mueven mucho los brazos o las manos cuando hablan, si lo hicieran sería visto como "exagerado". Muchas veces los extranjeros los ven como si fueran robots, mecanismos lógicos.

Por supuesto que sí tienen emociones, pero desde niños han aprendido a no expresarlas emocionalmente, sino a hablarlas como temas impersonales de conversación entre seres racionales. Ellos entienden que para comunicarse son las palabras, y no las expresiones emocionales. Con la curiosa excepción en las situaciones de emoción colectiva, como en los partidos de fútbol.


LA PERCEPCIÓN Y EL USO DEL TIEMPO

Edward Hall ha distinguido dos tipos de percepción y uso del tiempo a través de las culturas: "monocrónico" y "policrónico". Estos dos tipos corresponden exactamente a la diferencia de estilo entre los holandeses y los hispanohablantes respectivamente.

El tiempo monocrónico de los holandeses toma en cuenta "cada cosa a su tiempo". El tiempo es lineal y segmentado. Desde muy jóvenes los holandeses aprenden a manejar su agenda, a compartimentar sus actividades y amistades, a ocupar sus días en actividades planeadas con mucha anticipación, a cumplir estrictamente con sus citas y compromisos, y a nunca mezclarlas. A las personas del tiempo monocrónico les gusta programar impecablemente sus actividades. Los cambios de plan inesperados los angustian.

Imagínense entrar en una carnicería holandesa y aprovechar que el carnicero que está cortando un jamón, corte unos pedazos para ti, aunque no sea tu turno. Esto sería imposible. El carnicero sentiría que lo están invitando a cometer un delito, y se ofendería. Sin embargo, eso es cosa corriente, que se ve todos los días, en los países mediterráneos o latinos. Para el hispanohablante, el comportamiento de los holandeses aparece como impersonal, calculado y contrario a las necesidades de la interacción humana. Eso es porque el hispanohablante generalmente vive en un tiempo policrónico. La percepción y uso del tiempo de tipo policrónico se caracteriza por que pasan muchas cosas al mismo tiempo. La realidad tiene muchos planos de interacción simultánea. Interrupir una actividad para darle atención a algo o alguien que en ese momento lo solicita, es normal, y de buena educación. Llegar tarde a una cita porque algo inesperado ocurrió es admisible porque siempre pueden ocurrir cosas inesperadas. En una cultura de tiempo policrónico nadie pensaría que las actividades humanas tengan que desarrollarse con la precisión de una maquinaria de relojería.